Si por algo se caracteriza este blog, es por enfrentar y refutar a las visiones facilongas y totalizantes de la historia. Así como no toda la gente conurbana es igual, chicos, tengo una mala noticia que darles: los habitantes de Nordelta, tampoco.
A raíz del episodio que es de público conocimiento (la muerte de cuatro chicos el fin de semana pasado), en estos últimos días escuché y leí las cosas más disparatadas que jamás se me hubiesen ocurrido pensar sobre Nordelta y la gente que vive allí.
Por eso, se me ocurió que valía la pena contar mi experiencia personal: laburé durante más de un año en Nordelta (16 meses yendo todos los días es bastante, ¿no?), así qué como a mí no me la contó nadie, se la cuento yo a ustedes.
En Nordelta no solo hay gente que calza perfecto con el estereotipo de nuevo rico que se fue a vivir a un country, sino que allí también hay familias que se compraron una casita, cuando vivir en la
Ciudad Pueblo (?) era más barato que comprarse un departamento en Belgrano (
hasta el 2004, digamos).
Ahí me encontré con gente que cree que ser de clase alta es decir "
regio" cada seis palabras, y también conocí gente piola, que se caga un poco de risa de todo eso, y le da exactamente lo mismo vivir en Nordelta o en la Luna (
siempre y cuando en la luna tengan Direc TV y banda ancha).
A esta altura, es casi una obviedad decir que Nordelta es el negocio inmobiliario más fabuloso de la década. En perspectiva, sus números dejan muy atrás a otros emprendimientos como Puerto Madero, las Cañitas o Palermo, por citar algunos.
Alcanza con decir que a principios de 2001, el valor de la tierra para construir arrancaba desde los 100 dólares el m², y que hoy día no hay ningún lote por menos de 250. Del metro construido, ni hablar. Tengan en cuenta que estamos hablando de un predio que
supera la superficie del vecino Partido de San Fernando. De los 20 barrios proyectados originalmente ya existen 14, entre los que están La Alameda (el más antiguo), La Isla (el más cheto), Las Glorietas, Los Sauces y Portezuelo (el más "humilde").
Volviendo a "la vida" en Nordelta, me acuerdo que las primeras veces que fui (principios de 2005) lo que mayor impresión me causó fue
la naturalidad con la que se aceptaban (y se aceptan) algunas precariedades inconcebibles. Como si detrás de la tan auspiciada sofisticación existiera una especie de espíritu bartolero, bien argento, de hacer las cosas así nomás.
Sorprende, por ejemplo, que la gente que vive allí se deje "cuidar" por algunos muchachos a los que yo no les confiaría ni el cuidado del árbol que está en la puerta de mi casa.
Otra: el transporte que lleva y trae a la gente a la Capital Federal, es trucho de toda truches (
y esto, ejem, tampoco me lo contaron). La empresa que tiene exclusividad para realizar los recorridos dentro del complejo, y transportar a la gente que vive o trabaja en Nordelta, se llama "Mary Go", y no está registrada como tal en la C.N.R.T.
Sin embargo, la gente de "
Mary Go", toda vez que ve que una cara "no conocida" arriba de sus unidades, avisan de inmediato a los muchachos que "cuidan" el country, para que en la barrera de entrada se suban a la
Iveco Daily y le pidan documentos al extraño en cuestión.
Ni hablemos de
la otra camionetita (más trucha todavía),
que realiza los recorridos entre Nordelta y la Estación de Tigre del ferrocarril Mitre.
En cuanto a la subjetividad quejosa y gritona de algunos de los Nordelteños (ojo, este gentilicio lo inventaron los de
Revista Gallaretas, no yo) para con este gobierno, basta con decir que los plazos del Masterplan (?) (
sorry, pero no voy a andar explicándolo todo) se vienen cumpliendo sin ningún tipo de retrasos. Ergo, no de qué se quejan.
Y hablando de gente, les cuento una anécdota personal: en Nordelta conocí al sobrino de uno de los dramaturgos más prestigiosos que hay en nuestro país. Cuando me dijo su apellido, mi pregunta obvia fue "
tenés algo que ver con...". A lo que él contestó: "
Sí, es mi tío. En dos años que vivo acá, sos la primera persona que me hace esa pregunta". Todo un síntoma, no?.
Respecto de la relación con los antiguos vecinos de la zona, los fundadores de Nordelta (léase
Eduardo Constantini y amigos) crearon una Fundación, a través de la cual canalizan toda la asistencia que la gente de los 14 barrios quiera brindarle al pobrerío que vive alrededor.
OK, la Fundación Nordelta no será el Fundación Eva Perón, pero estaría bueno que en otros emprendimientos los imitaran. Sin ir más lejos, a pocos kilómetros de Nordelta, el Club de Campo Hacoaj decidió relacionarse con la comunidad de Rincón de Milberg, alambre electrificado de por medio, para separar sus dominios privados de la pública Ruta 27.
Así que relax muchachos. Yo sé que estos lugares generan una suerte de fascinación por querer saber que pasa allí adentro, y que en el afán de conocer, se compra toda la fruta que mandan por ahí.
También es cierto que mucha (pero mucha) de la gente que vive en Nordelta, no ayuda a desmitificar ni un poquito... Pero bueh, nada muy diferente de lo que te podés encontrar en Caballito o en Barrio Norte.
La seguimos en los comentarios...