El río parece un zanjón, un obstáculo que saltan los puentes. No tiene nombre, casi no corre, pero hay días que se desborda, cubre las calles y hace naufragar los muebles de las casas bajas. En las orillas crecen plantas negras, grises, plateadas, flores de humo que destilan un perfume de azufre y se tragan el aire de las noches. Al Norte del Sur hay un límite, un borde: Dock Sud, embebido de combustible, de sustancias misteriosas, clandestinas; abundan sirenas, alambrados, candados, carteles, precaución, peligro... Tan inflamable que en cualquier momento explota... ¿Ves ese señor canoso de camisa marrón, que silba como un tiroteo y lleva esa caja pesada hasta la camioneta? Tiene los ojos grandes como un dibujito: se esfuerza en mirar a través de esta oscuridad. Es un mutante, está lleno... Mirá cómo se ríe lisérgico, cómo se divierten con la mujer de la parrilla... ¿Aquel pibe con equipo de gimnasia azul y amarillo, que hace señas de paliza al diariero? Tiene el cuello largo de querer...