Junto a Retiro, Puente Saavedra, Once y Constitución, Liniers forma parte de los cinco centros de transbordo más importantes que tiene la Capital Federal.
Hasta allí llegan, a diario, medio millón de personas provenientes del conurbano bonaerense para bajar de un colectivo y subirse a un tren, o viceversa. Todos los días la misma rutina, para ir de casa al trabajo y del trabajo a casa.
Al mismo tiempo Liniers, junto a la calle Avellaneda (en Floresta) y el Bajo Flores, forma parte de la Sagrada Trinidad del comercio ilegal existente en la misma Ciudad que ostenta 12 mil dólares anuales de renta per cápita.
Independientemente de todo esto, Liniers puede ser noticia por tres motivos: Vélez, San Cayetano, o las cosas que suceden en ese núcleo duro de anomia que algunos también denominan 'centro comercial'.
Ese núcleo duro es el territorio delimitado por Rivadavia, la General Paz y Lisandro de la Torre. En su interior, un micro mundo donde se reproducen, a pequeña escala, todas las miserias y las bondades que pueda llegar a desplegar la especie humana.
Eso sin contar "al otro lado". Nos guardamos, por ahora, "al otro lado". Ya va a llegar el momento de escribir algo sobre ese lugar. Conocemos bien "al otro lado", pero no somos botones.
En el medio, todo. Modos de produción y estructuras de clase que no existen en ningún manual de Economía Política. Relaciones sociales y laborales en situación, con quien sabe que Dios como único testigo.
Gente queriendo asomar la cabeza, cuya capacidad de trabajo y de consumo está supeditada a los que puedan decidir tres o cuatro regentes, que actúan en connivencia con una Federal demasidado ávida de dinero ajeno. Así es imposible.
Y cómo si algo faltara para completar el espanto que nos une, hasta allí acaba de llegar uno de muñones que le quedan al Estado macrista: la Metropolitana (N. del Conu: ¿Cuánto falta para que a la Policía de la Ciudad le empiecen a decir "La Metro"? Hagan sus apuestas).
Hasta allí llegan, a diario, medio millón de personas provenientes del conurbano bonaerense para bajar de un colectivo y subirse a un tren, o viceversa. Todos los días la misma rutina, para ir de casa al trabajo y del trabajo a casa.
Al mismo tiempo Liniers, junto a la calle Avellaneda (en Floresta) y el Bajo Flores, forma parte de la Sagrada Trinidad del comercio ilegal existente en la misma Ciudad que ostenta 12 mil dólares anuales de renta per cápita.
Independientemente de todo esto, Liniers puede ser noticia por tres motivos: Vélez, San Cayetano, o las cosas que suceden en ese núcleo duro de anomia que algunos también denominan 'centro comercial'.
Ese núcleo duro es el territorio delimitado por Rivadavia, la General Paz y Lisandro de la Torre. En su interior, un micro mundo donde se reproducen, a pequeña escala, todas las miserias y las bondades que pueda llegar a desplegar la especie humana.
Eso sin contar "al otro lado". Nos guardamos, por ahora, "al otro lado". Ya va a llegar el momento de escribir algo sobre ese lugar. Conocemos bien "al otro lado", pero no somos botones.
En el medio, todo. Modos de produción y estructuras de clase que no existen en ningún manual de Economía Política. Relaciones sociales y laborales en situación, con quien sabe que Dios como único testigo.
Gente queriendo asomar la cabeza, cuya capacidad de trabajo y de consumo está supeditada a los que puedan decidir tres o cuatro regentes, que actúan en connivencia con una Federal demasidado ávida de dinero ajeno. Así es imposible.
Y cómo si algo faltara para completar el espanto que nos une, hasta allí acaba de llegar uno de muñones que le quedan al Estado macrista: la Metropolitana (N. del Conu: ¿Cuánto falta para que a la Policía de la Ciudad le empiecen a decir "La Metro"? Hagan sus apuestas).
A Liniers le hace falta Estado. De eso no hay dudas. Pero conociendo a los bobos de la Creer y Crecer, da la sensación que entraron con una motosierra, adonde había que ir con un bisturí.





























