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Los cines del conurbano


El conurbano bonaerense cuenta con 234 pantallas en las que se puede ver cine de forma colectiva, un número significativamente mayor al que había hace 14 años (en 2004 eran 176), pero similar en comparación al de finales de la década de los setenta. Con una diferencia: las doscientas y pico de salas que existían hace 40 años estaban distribuidas de otra manera, ubicadas en las localidades cabecera de cada partido, en las de segundo orden y hasta en muchos barrios periféricos.

Producto de las distintas crisis económicas, las transformaciones tecnológicas y los cambios en los consumos culturales, muchos de los cines tradicionales que fueron pioneros en el Gran Buenos Aires terminaron siendo protagonistas de historias que ni el más macabro de los guionistas podría haber imaginado. Bingos, Iglesias evangélicas, estacionamientos, canchas de fútbol 5, restaurantes en formato tenedor libre, concesionarias de autos y cuanto emprendimiento comercial necesitado de un local con grandes dimensiones anduviera dando vueltas por ahí.

Sin embargo, como la gente seguía con ganas de ir al cine, la industria se las ingenió para ofrecer nuevas maneras de ir a ver películas. Así llegaron los grandes complejos, con salas más pequeñas y propuestas de consumo complementarias, que dieran la sensación de ver cine "como en casa" y resolvieran en un sólo lugar la salida familiar del fin de semana.

En defensa de estos chantas podemos decir que no es posible montar un shopping en cada localidad, por lo que hoy en día nos parece totalmente lógico que una familia que vive en en Lanús Este tenga que viajar 20 minutos en auto o 45 en colectivo para ir ver una película en las salas del Coto de Rivadavia y Warnes, cuando hace 30 años podían caminar 10 cuadras y cruzar la estación para elegir entre el Palacio del Cine (hoy Bingo Lanús) y el Ópera (hoy Iglesia Universal). O que una pareja de Rincón de Milberg, que hasta fines de los ochenta podía aprovechar una caminata de sábado a la tarde para ir al Gran Delta (sobre avenida Cazón al 1000), hoy tenga que subirse al Acceso para llegar hasta el Unicenter o viajar 50 minutos en bondi, con suerte. Y así podemos seguir enumerando todos los ejemplos que ustedes quieran.

Nadie está en contra de que existan multicines. A todos nos gusta comer palomitas (?) de maíz mientras miramos una buena peli o hacer ruido con el último sorbo del vaso de gaseosa para molestar a la vieja que está sentada atrás nuestro. No se trata de eso. Y ni siquiera de la calidad de las cintas que se proyectan, porque si en 16 salas que tenés a disposición no encontrás una película que te guste ir a ver el problema lo tenés vos, no el capitalismo (?). El problema es cómo hacemos para ir al cine.

Evidentemente, y como no podía ser de otra manera, falló el Estado. Falló el Estado porque no puede ser que las autoridades municipales y provinciales toleren que la gente tenga como única alternativa para ir al cine, estar más tiempo viajando que mirando la película. Que en todo caso elijan hacer eso porque conocen una sala mejor o porque se les canta ir a un cine de Lavalle o el Abasto, en vez de ir al cine que les queda cerca. Probablemente, con el tiempo, terminen eligiendo la pantalla que queda más cerca de su casa. 

Existen muy buenos ejemplos de salas bajo gestión municipal, así que no debe ser un proyecto inviable, como lo demuestran los casos del Cine Wilde en Avellaneda (inaugurado hace algunos años con la colaboración de los vecinos); el flamante Cine Italia de Escobar; el Gregorio de Laferrere en Morón, o el Paramount de Tres de Febrero (de origen privado y estatizado por el gran Hugo Curto en 2012), por citar algunos ejemplos.

El cine te hace mejor persona. Te ayuda a pensar y también es un lindo pasatiempo. No es ningún lujo ni un privilegio para ilustrados. Y es tan cine "Bañeros 5" como la última de Van Sant (esta es una de las cosas más lindas que tiene: su "universalidad").

Por supuesto que no le pedimos a municipios con necesidades más urgentes que resolver, como José C. Paz o Presidente Perón, que se pongan a construir un cine, pero hay otros en los que resulta inexplicable la inexistencia de salas lugares en los que durante décadas hubo cine que hicieron historia. San Fernando, Hurlingham, San Miguel y Tigre (los cines de Nordelta son para el público de Nordelta y barrios cerrados cercanos, no cuentan para el resto): ¿No tienen cuatro chetos que estén dispuestos a poner guita para montar un cine que pueda disfrutar todo el mundo? *se respondía solo*: ¡Claro que los tienen!

El listado que van a ver a continuación contiene los complejos cinematográficos y las salas en las que se proyectan películas de manera permanente y se encuentran abiertas al público en general, Quedaron afuera los cines de las Universidades, como el Tita Merello de la UNLa, y aquellos espacios culturales municipales o autogestivos en los que se exhiben cintas de manera eventual, como el Centro Cultural Rigolleau de Berazategui, entre otros.




Comentarios

Frodo ha dicho que…
Buena nota, y coincido ampliamente.
Cuando era chico vivía en José León Suárez e iba a la sala del José Hernández (que ud. puede apreciar en el listado), hoy que vivo en Tapiales el más cercano es el de San Justo... y eso que Tapiales tenía su propia sala de cine donde hace poco fui a ver a Vox Dei y a Zambayonny tocar en vivo. Pero como cine fijo hoy no funciona.
Ah, hay una época del año en que se proyectan en la plaza películas, pero es solo un fin de semana y no se quién es el que realmente banca la joda.

Abrazos conurbanos!
El Conurbano ha dicho que…
Muchas gracias Frodo. Si fuiste a ver recitales seguro pudiste comprobar la acústica con la que fueron concebidos estos cines de barrio (si más o menos se pudo conservar). Algunos eran verdaderos coliseos.

Abrazos!
Tomas Gaspari ha dicho que…
Hola, podrías adjuntar fuentes? ya que estoy haciendo un trabajo de investigación sobre el consumo cinematográfico en espacios físicos en el conurbano

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