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La Política de los Pobres

Afanándole título a Javier Auyero, les dejo una nota que escribí para la Revista Cultura Nación en marzo.

En los últimos años, sobre todo a partir de la reforma constitucional de 1994 que eliminó la ignominiosa institución del Colegio Electoral, cobraron especial importancia en la disputa política aquellas organizaciones políticas que tienen su razón de ser en “el territorio”.

Con la elección directa del Presidente (o la presidenta) y su vice, las regiones más pobladas del país recuperaron una parte de la representación electoral que durante décadas se les había negado. Desde 1995 en adelante, las elecciones generales las ganan quienes obtienen más votos, sin necesidad de ningún tipo de intermediación institucional que subestime la representación popular.

Aunque todavía es necesario equiparar las desigualdades en cuanto a la representación parlamentaria que tienen los grandes centros urbanos, respecto de otras regiones menos pobladas (muestra de ello es lo que ocurre en la Provincia de Buenos Aires respecto de la relación entre votos y bancas que diferencia al conurbano del interior rural) , lo cierto es que saldada la discusión entorno a qué tipo de sistema político es el que le conviene a la República Argentina, lo que se debate desde hace varios años es la forma en la que se sustenta esa representación popular.

¿Es a través del clientelismo como se ganan las elecciones? ¿Existen estructuras políticas que garantizan la supervivencia de un sistema a través del intercambio de favores por votos? ¿Por qué se aceptan como verdades absolutas, hipótesis de investigación completamente sesgadas? ¿Quiénes son los punteros políticos? ¿Es verdad que, como los comunistas en la década del 60, se comen a los niños?

Empecemos, entonces, por describir la tarea de quienes se encuentran en la base de la pirámide de nuestro sistema político actual: los dirigentes políticos territoriales.
Un dirigente político territorial es un referente barrial que cumple la función de intermediación entre las políticas públicas y la ciudadanía, en aquellos lugares donde las instituciones del Estado no tienen acceso o están deslegitimadas.
Comprender la emergencia de estos actores sociales, implica retrotraerse al debilitamiento del Estado por parte de las políticas neoliberales; al desprestigio del sistema de representación formal, y a la conversión de los partidos políticos en meras maquinarias electorales.

No es intención de este artículo abrir juicios de valores sobre la realidad política que nos rodea, sino tratar de explicar algunos de los fenómenos tan complejos que
Hasta la década del noventa, los dos principales partidos políticos contenían en su interior a fracciones provenientes de distintos sectores de la sociedad civil, que expresaban las diferentes formas de representación política que existía en la ciudadanía.
A raíz de la irrupción rabiosa del neoliberalimo, varios de los estamentos tradicionales que formaban parte de las Partidos, se fueron retirando, para dejar lugar a otras expresiones que, hasta entonces, no formaban parte de las instancias de decisión en estas instituciones fundamentales del sistema político.
Ejemplo de ello fue la caída en desgracia del Movimiento Obrero Organizado durante aquellos años, producto de la híper desocupación y el desprestigio de su propia dirigencia, entraron en escena sectores dirigentes políticos que hasta entonces cumplían roles secundarios, personas que comienzan edificar sus carreras políticas en torno a lo que comúnmente se denomina “el peso territorial” de las estructuras. Tal es el caso de los Intendentes del conurbano bonaerense, quienes comenzaron a desarrollar un poder territorial, que de a poco fue reemplazando al del sindicalismo. A través de las Unidades Básicas, Sociedades de Fomento y otro tipo de instituciones barriales, fueron consolidando una hegemonía geográfica y política con el fin de garantizar su propia supervivencia.
A través de las redes de intermediación política, los Intendentes distribuyen recursos vitales para los más pobres. De esta forma, la protección social pública se ha institucionalizado por medio de referentes políticos barriales, que conocen como ningún otro resorte del Estado, las necesidades sociales de los residentes de las zonas más humildes; y son quienes en definitiva, evidencian las carencias provocadas por la ausencia de políticas públicas.

¿Qué es la política barrial? ¿Cómo funcionan las relaciones políticas en aquellos lugares en donde las necesidades son muchas y los recursos son escasos?

Las villas y los asentamientos, al ser tramas urbanas irregulares, generan relaciones humanas que jamás pueden ser comprendidas si previamente no se entiende el valor que tienen, en estos barrios precarios, las manifestaciones individuales de la voluntad.
El pobre, que no elije ser pobre, está obligado a movilizarse para saciar sus necesidades. La pobreza no disuelve la conciencia del ciudadano, sino más bien todo lo contrario: la potencia.
La persona que vive en estado de necesidad permanente, tiene dos caminos para resolver sus problemas: asociarse con otra gente que esta en su misma situación, o recurrir al dirigente. Algunos hacen las dos cosas, mientras que otros optan por una u otra. Más allá de esto, lo que interesa destacar es al barrio, como el motor de la organización de las clases populares.
En las villas, funcionan ciertas redes de organización que son muy distintas a las de los barrios de clase media. Las organizaciones barriales, las escuelas, la parroquia, las unidades de base, sociedades de fomento, etc., conforman una red de vínculos muy íntima. Entre ellas, mantienen una variedad ilimitada de diferencias, de múltiples características e ideologías, no acuerdan en todo (a veces, ni en la mínima), pero se reconocen entre los vecinos del barrio.
La pobreza empuja a la participación, porque para ganarse la vida hay que moverse, hay que estar en organizaciones, ir a los lugares que tienen recursos. Allí es donde aparece la relación con el Estado o con el sistema político formal. Aunque cada una de estas organizaciones tiene a sus referentes, no toda la política barrial está teñida de lo que comúnmente se llama “clientelismo político”. Eso creen quienes desde afuera de la villa observan estos fenómenos con cierto prejuicio, y opinan desde el desconocimiento y hasta incluso, desde el miedo.

No significa que todos los vecinos concurran a sus actividades, pero nadie desconoce la existencia de un comedor y su cocinera, el apoyo escolar y sus “profes”, las reuniones barriales y sus coordinadores, las escuelas de oficio o el que maneja la información sobre los planes de asistencia del Estado. Puede que no participen, pero saben que están. Por ello, las referencias creadas en lo cotidiano, hace que a la hora de un conflicto de esta magnitud, estos liderazgos sean legitimados como interlocutores.
De la misma forma pasa a la hora de ir a presentar un petitorio al municipio. Quienes están al frente de las reuniones con los funcionarios, son de alguna forma, los que están en contacto con la problemática aglutinadora y conocen las distintas opiniones, a veces consensuadas, de una demanda particular (la luz, el gas, la vereda, la seguridad, la salud, la educación, la vivienda, etc.).

Ni todos los vecinos están de acuerdo con esa figura o su entorno, ni todos los funcionarios los avalan, pero entienden que es la persona con la que es necesario sentarse a negociar. Generalmente, se tiende a confundir al puntero con un extorsionista, corrupto, que cobra lo que consigue gratis. En la práctica, hay matices de todo tipo, y a decir verdad, en el terreno de la política y la pobreza, no es que cualquier maleante se convierte en puntero, como gustan de imaginar quienes desde sus cómodos hogares los acusan de clientelistas.

No existe ese aparente poder inquebrantable, para la imagen que se ha construido desde el prejuicio, por la sencilla razón de que el puntero sabe, mejor que nadie, que ante cualquier error, otro puede tomar la posta. Por eso, si bien es cierto que abusa de su autoridad, no lo puede hacer ni siempre, ni para siempre. Algo a cambio debe dar.

Lamentablemente, el imaginario romántico del militante político, no coincide con la política barrial, y sólo quienes nunca debieron atravesar las instituciones públicas en búsqueda de asistencia social, pueden ser capaces se enjuiciar (y confundir) las prácticas de los punteros, los líderes piqueteros, y militantes barriales.

BIBLIOGRAFÍA:
Auyero Javier, "La Política de los Pobres".

Merklen Denis, "Pobres Ciudadanos: las clases populares en la era democrática".

Comentarios

Almita ha dicho que…
Excelente posteo, me quedo con la frase "En la práctica, hay matices de todo tipo".
No tengo tu verba para expresar lo que pienso, lo hago con la mía.
Existiendo la necesidad, es de inteligente ver cómo subsanarla.
Quedarse ahí, esperando que llueva la solución, no es la opción.
Conozco gente muy necesitada que han llegado así a esos "matices de todo tipo". El puntero le consiguió la pensión para su hijo de 33 años gravemente discapacitado mental, y la señora (que lamentablemente además es analfabeta) vá a los actos.
¿Alguien puede criticarla? ¿hubiera llegado ella de otro modo a esa pensión, que le corresponde -es un derecho- a ese hijo? no.
Cuando la respuesta a la pregunta es "no", la función del puntero es útil y valiosa.
Y si la señora considera que debe asistir a los actos en gratitud, nadie puede cuestionarla.

A grandes necesidades, cualquier remedio es bueno. Y si encima alguien te ayuda a obtener el remedio, la función es útil.

Si yo necesitara esa pensión, y el puntero me la gestionara, como no, quedaría en deuda y haría lo posible por pagarla.
Hay quienes creen que cualquiera puede hacer un trámite, y ni tienen en cuenta que hay gente que no tiene ni para el micro para ir a la institución, ni sabe dónde cornos queda para empezar.

Saludos.
media veronica ha dicho que…
muy linda la nota=) sería realmente genial que vinieras un día a ver el laburo que hacemos desde el bachiller popular tierra y libertad y el gran, gran laburo de la comisón del barrio 3 de enero.
besos!
Ikal Samoa ha dicho que…
Muy buen nota Compañero,
"El imaginario romántico del militante político, no coincide con la política barrial, y sólo quienes nunca debieron atravesar las instituciones públicas en búsqueda de asistencia social, pueden ser capaces se enjuiciar", estrácto de una más que certera conclusión.
Un saludo,
Ikal
elprofe ha dicho que…
Blogger elprofe dijo...

Salute Conu,
muy bueno tu post, porque lo que entiendo que plantea es el porqué de una realidad y una respuesta a esa realidad. Y eso es histórico. Sino, que eran las montoneras? Cuando la ciudad puerto (expresión cara a los colorados-ramistas)asfixiaba las economías regionales, los lideres naturales gestionaban medidas , que al no ser satisfechas hacía que se levantaran en armas contra la pobreza y la injusticia. Después con el tiempo hubo el paternalismo conservador, las elecciones con asado y entrega de libreta "vayan , coman y chupen y no se preocupe; yo voto por ustedes" (perdón por el trazo grueso)En nuestra época: "y bueno , yo lo voto, asfaltó las 15 cuadras que tengo que hacer a pata hasta la estación". Y después, y aquí me pongo chicanero, porqué será que los que se quejan del clientelismo y de la existencia del puntero son siempre los que avalaron los golpes de estado a partir del 30 y en especial del 55? No habrá una especie de rencor contra los pobres que osan pedir, exigir, aceptar, a partir de sus necesidades vitales no satisfechas, ni por el poder político, ni por el poder real (económico)? El que mejor luchó (no se si se lo propuso, porque iba a más)contra el clientelismo fue Perón. Con un proyecto de máxima inclusión social, de industrialización, hubo en sus dos primeros mandatos plena ocupación y buenos salarios, y eso hizo que la necesidad del puntero se redujera. Recuerdo que esa era una de las inquinas de los radicales.
Resumiendo, a medida que se avance en un proyecto como el de Néstor y Cristina a través del tiempo ,se logrará una mejor institucionalidad, un Estado que tienda a la perfección en su funcionamiento y será innecesario el puntero, que se irá transformando en difusor político, bajando línea y originando discusión para avanzar políticamente. Suena a idealismo , ya sé, pero "se hace camino al andar..."
Bueno, la corto porque no hay que abusar. Muy bueno Conu. Abrazo

Miguel

junio 06, 2011
Marcelote ha dicho que…
Excelente Conu, coincido 100%
Unknown ha dicho que…
Postazo, Conu.

Lo único con lo que no termino de acordar es lo siguinte: "la pobreza no disuelve la conciencia del ciudadano, sino más bien todo lo contrario: la potencia". Desde mi punto de vista ni la disuelve ni la potencia.

Abrazo.
El Conurbano ha dicho que…
Almita: gracias, pero no hace falta ser un gran escritor para poder comunicar lo que uno cree que está bien. Alcanza con poner nuestra sensibilidad y nuestra honestidad de pensamiento en cada una de las cosas que decimos.

Media: con gusto, le debo una visita a l@s compañer@s.

Ikal: gracias compañero.

Miguel-profe: hay rencor hacia los pobres, no lo dude compañero. Les molesta que los pobres sean felices. Ah, y no es idealismo lo nuestro, para nada. Estamos en la ruta, así que nada más real que esto. Idealismo es lo plantean otros, eso de un Estado ascéptico, como si viviéramos en Escandinavia o algo así.

Marcelote: siempre coincidimos, je.

Subjetividad: gracias, podemos profundizar la frase que citás.

saludos!!!
Diego Montoto ha dicho que…
Hola Conu,

disculpe que moleste...
podría indicarme algún link (suyo en lo posible, ajeno sino) con alguna nota o estudio sobre la relación entre crecimiento de asentamientos y crecimiento de la pobreza?

es para refutar al gorila de mi padre y sus cadenas de mails.
(http://www.lanacion.com.ar/1372346-oviedo )

muchas gracias!
Diego

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