
Marito. Niño bien, pibe maleducado. Enciclopedista con pretenciones de omnisciente. Estudió medicina en la Facultad por mandato familiar y no le fue nada mal.
Sus hermanos, abogados, escaparon eficazmente a la persecuta paterna de ser "dotores", y prefirieron ser Doctores (así, con mayúscula), como los tíos. Doctores en leyes. A Marito, en cambio, no le quedó otra que ser el menor de los tres hijos del padre y marchar derecho viejo a La Plata, para estudiar ciencias médicas en 60 y el doble.
Pero reo, Marito le encontró enseguida la veta al oficio de los matasanos y empezó a conseguir recetas para los pibes sin siquiera haberse probado un ambo. Cuando entró al Policlínico para hacer la residencia, directamente se hizo un picnic: con portación de apellido hizo pata ancha en la Famacia para repartir a diestra y siniestra.
Una vez recibido, a la sombra del ascenso político de sus hermanos abogados, Marito alternaba su fama de niño prodigio con el denuesto en acto al ejercicio legal de la medicina. Algunos de los colegas que trabajaban con él se preguntaban, en voz baja, cuantos dedos habría cruzado en oportunidad del juramento hipocrático.
En medio de todo eso, la mala junta, aunque no estaba claro si el nocivo no era él, respecto del grupo con el que andaba Marito desde la época del secundario, un grupo de pibes bastante lúmpenes que formaban parte de barra brava del club en el que su familia hacía política.
Con esa compañía transitó la adolescencia y su juventud adulta, para disgusto de sus padres y una rara mezcla de perocupación y desdén por parte de los hermanos mayores, que de todas formas sabían que contaban con él y sus amigotes para cubrirles las espaldas.
Al frente de la yunta esa, Marito copaba cualquier parada, siempre con un ejemplo de la desvergüenza a mano. Si había que apretar, apretaba. Si había que pegar, pegaba. Y si había que tirar, quién te dice que no podía hacerlo.
Con ese modus operandi -sartenazo va, sartenazo viene- fue retaguardia de la intrépida carrera política de sus hermanos, hasta que sin querer un día se encontró sentado en un escritorio, como secretario de gobierno, cuando unos de los otros dos llegó a la Intendencia.
El Policlínico era cosa del pasado y ya casi no iba al consultorio, completamente absorbido por la actividad callejera que desarrrollaba con el grupete que dirigía.
Hasta las manos con la riquelme, Marito ya no es muy conciente de sus actos y ahora me cuentan que sale de noche a coimear a los puesteros que venden melones y sandías en boulevard de la avenida. Parece que anda en una camioneta del Municipio, sacado y calzado, y al que no le da lo faja ahí nomás.
Su hermano, el Intendente, ya dejó de estar preocupado y anda con ganas de soltarle la mano, para que lo tengan guardado al menos durante la campaña, que encima asoma jodida.
Marito no sabe, pero a lo mejor ahora se entera y se rescata un poco. O no.
Sus hermanos, abogados, escaparon eficazmente a la persecuta paterna de ser "dotores", y prefirieron ser Doctores (así, con mayúscula), como los tíos. Doctores en leyes. A Marito, en cambio, no le quedó otra que ser el menor de los tres hijos del padre y marchar derecho viejo a La Plata, para estudiar ciencias médicas en 60 y el doble.
Pero reo, Marito le encontró enseguida la veta al oficio de los matasanos y empezó a conseguir recetas para los pibes sin siquiera haberse probado un ambo. Cuando entró al Policlínico para hacer la residencia, directamente se hizo un picnic: con portación de apellido hizo pata ancha en la Famacia para repartir a diestra y siniestra.
Una vez recibido, a la sombra del ascenso político de sus hermanos abogados, Marito alternaba su fama de niño prodigio con el denuesto en acto al ejercicio legal de la medicina. Algunos de los colegas que trabajaban con él se preguntaban, en voz baja, cuantos dedos habría cruzado en oportunidad del juramento hipocrático.
En medio de todo eso, la mala junta, aunque no estaba claro si el nocivo no era él, respecto del grupo con el que andaba Marito desde la época del secundario, un grupo de pibes bastante lúmpenes que formaban parte de barra brava del club en el que su familia hacía política.
Con esa compañía transitó la adolescencia y su juventud adulta, para disgusto de sus padres y una rara mezcla de perocupación y desdén por parte de los hermanos mayores, que de todas formas sabían que contaban con él y sus amigotes para cubrirles las espaldas.
Al frente de la yunta esa, Marito copaba cualquier parada, siempre con un ejemplo de la desvergüenza a mano. Si había que apretar, apretaba. Si había que pegar, pegaba. Y si había que tirar, quién te dice que no podía hacerlo.
Con ese modus operandi -sartenazo va, sartenazo viene- fue retaguardia de la intrépida carrera política de sus hermanos, hasta que sin querer un día se encontró sentado en un escritorio, como secretario de gobierno, cuando unos de los otros dos llegó a la Intendencia.
El Policlínico era cosa del pasado y ya casi no iba al consultorio, completamente absorbido por la actividad callejera que desarrrollaba con el grupete que dirigía.
Hasta las manos con la riquelme, Marito ya no es muy conciente de sus actos y ahora me cuentan que sale de noche a coimear a los puesteros que venden melones y sandías en boulevard de la avenida. Parece que anda en una camioneta del Municipio, sacado y calzado, y al que no le da lo faja ahí nomás.
Su hermano, el Intendente, ya dejó de estar preocupado y anda con ganas de soltarle la mano, para que lo tengan guardado al menos durante la campaña, que encima asoma jodida.
Marito no sabe, pero a lo mejor ahora se entera y se rescata un poco. O no.
Comentarios
(Alcides Acevedo)
Conu: respecto del post, qué decirle? Ferpecto, impresionante, pestacular, copio link y me lo llevo.
Abrazo
el 27 de mayo es la inauguracion casa nestor k. a las 19.30 hs en saenz peña 1525, olivos, vte lopez.
TTPP. Todos Punteros.
Me alegro que este volviendo a las fuentes, esa cuestión de la radio me lo tenía un tanto distraído. Que no le pase con el blog lo que a Miranda en el barrio(?)
en la que el cuervo calvo lo compara con el diablo (obvio, el diablo es más bueno).
Quizás estemos ante el personaje más reventado e inmoral de toda la política conurbana? Se podría hacer un concurso, al estilo de Barcelona cuando busca la ciudad más facista.
abrazo, bueno el post
Y desgraciadamente tu ataque a Bruera para defender al indefendible de Carlotto (ni él se sabe defender, ese lo unico que tiene es portacion de apellido, por el resto nada de nada y ademas lo apoya el otra mafia de la plata Alak), no va a dar sus frutos, desgraciadamente los Bruera vuelven a ganar y este ultimo tiempo estan a full juntando guita, no se salva nadie del apriete y guarda que te agarrem pegando afiches de la competencia, cobras para el campeonato.Todo muy lamentable y decadente
saludos
Hernan de la plata