
Por Jimena Rosli
Creí que nunca iba a estar viva para verlo. Para los murgueros, pedir los feriados de carnaval era como pedir la revolución: una utopía. Algo por lo que se luchaba, pero que se veía lejano, imposible. No lo esperaba.
Arranqué bailando murga porteña a los 14 años en el barrio de Almagro. Con ayuda de mi mamá, todos los años armaba el traje: compraba la tela, cosía apliques, pegaba las lentejuelas, decoraba con galón pasamanería y con gemas. Lo hacía sabiendo que iba a usarlo sólo un mes. El fin de febrero anunciaba el final de los carnavales y el comienzo de las clases. Una sola alegría más nos quedaba de los meses de verano. El último tramo de una gran retirada final –y hasta el año que viene-: la marcha de principio de marzo que pedía la restitución de los feriados de carnaval. La esperaba todos los años. Era el último baile, el último esfuerzo. La primera vez que marché fue en el 2000 y no sabía ni cuales eran los reclamos. Cuando me lo explicaron, lo razoné más allá del sentimiento. Bailar una vez por año por la avenida Corrientes –hasta el Obelisco- ante las miradas atónitas o las sonrisas sorprendidas de los oficinistas no tenía precio. Era el único día en que se compartía con todas las otras murgas el baile, en el mismo lugar y en el mismo momento. Los bombistas de diferentes barrios juntos, unificando sonidos, formas de tocar. Por una causa justa.
Hubo catorce marchas para pedirlo. Yo bailé en las últimas diez. Y no hubo una en que no me haya ido con la piel de pollo, soñando con esos dos días. Como serían, quien bailaría, en donde se harían. Después volver a casa, traspirada, con la levita en los brazos. Prender la tele, ver la repercusión de los medios, buscar tus colores, entre el arcoiris de murgas porteñas.
Lunes y martes: dos feriados de carnaval. Para muchos, dos días más. Para los murgueros, todo. Tener días para nosotros, ser reconocidos, un festejo propio y un logro. No serán los fines de semana para los amantes y conocidos de las murgas, serán dos días exclusivos dedicados al carnaval. Todas las personas podrán acercarse a un corso a ver murgas, con amigos, con parejas, con la familia, a disfrutar, a divertirse, a jugar con espuma. A encontrarse con sus vecinos de la cuadra, a charlar. Siempre estuvo mal visto el ocio, festejar. Por algo la última dictadura de los llevó, como todo lo que intentó eliminar: el festejo, la militancia, los derechos.
34 años de prohibición y regresan, de la mano de una Presidenta que se puso una galera y bailó al ritmo de los bombos. Jamás pensamos que el máximo responsable político del país iba a vestir algo nuestro. Fue la que nos sacó a las murgas de la sombra, de lo marginal, y nos subió al escenario de los festejos del Bicentenario, y en la fiesta de la Democracia y los Derechos Humanos.
Pero todavía quedan conquistas por realizar. Organizar un gran corso en la Avenida de Mayo, como las viejas épocas, para desfilar todos juntos, es la cuenta pendiente.
Este lunes 7 y martes 8 algunos estaremos traspirando las levitas y rompiendo las zapatillas bailando en el asfalto. Otros aprovecharan el fin de semana largo para irse de vacaciones, para descansar. Y eso también es carnaval.
Creí que nunca iba a estar viva para verlo. Para los murgueros, pedir los feriados de carnaval era como pedir la revolución: una utopía. Algo por lo que se luchaba, pero que se veía lejano, imposible. No lo esperaba.
Arranqué bailando murga porteña a los 14 años en el barrio de Almagro. Con ayuda de mi mamá, todos los años armaba el traje: compraba la tela, cosía apliques, pegaba las lentejuelas, decoraba con galón pasamanería y con gemas. Lo hacía sabiendo que iba a usarlo sólo un mes. El fin de febrero anunciaba el final de los carnavales y el comienzo de las clases. Una sola alegría más nos quedaba de los meses de verano. El último tramo de una gran retirada final –y hasta el año que viene-: la marcha de principio de marzo que pedía la restitución de los feriados de carnaval. La esperaba todos los años. Era el último baile, el último esfuerzo. La primera vez que marché fue en el 2000 y no sabía ni cuales eran los reclamos. Cuando me lo explicaron, lo razoné más allá del sentimiento. Bailar una vez por año por la avenida Corrientes –hasta el Obelisco- ante las miradas atónitas o las sonrisas sorprendidas de los oficinistas no tenía precio. Era el único día en que se compartía con todas las otras murgas el baile, en el mismo lugar y en el mismo momento. Los bombistas de diferentes barrios juntos, unificando sonidos, formas de tocar. Por una causa justa.
Hubo catorce marchas para pedirlo. Yo bailé en las últimas diez. Y no hubo una en que no me haya ido con la piel de pollo, soñando con esos dos días. Como serían, quien bailaría, en donde se harían. Después volver a casa, traspirada, con la levita en los brazos. Prender la tele, ver la repercusión de los medios, buscar tus colores, entre el arcoiris de murgas porteñas.
Lunes y martes: dos feriados de carnaval. Para muchos, dos días más. Para los murgueros, todo. Tener días para nosotros, ser reconocidos, un festejo propio y un logro. No serán los fines de semana para los amantes y conocidos de las murgas, serán dos días exclusivos dedicados al carnaval. Todas las personas podrán acercarse a un corso a ver murgas, con amigos, con parejas, con la familia, a disfrutar, a divertirse, a jugar con espuma. A encontrarse con sus vecinos de la cuadra, a charlar. Siempre estuvo mal visto el ocio, festejar. Por algo la última dictadura de los llevó, como todo lo que intentó eliminar: el festejo, la militancia, los derechos.
34 años de prohibición y regresan, de la mano de una Presidenta que se puso una galera y bailó al ritmo de los bombos. Jamás pensamos que el máximo responsable político del país iba a vestir algo nuestro. Fue la que nos sacó a las murgas de la sombra, de lo marginal, y nos subió al escenario de los festejos del Bicentenario, y en la fiesta de la Democracia y los Derechos Humanos.
Pero todavía quedan conquistas por realizar. Organizar un gran corso en la Avenida de Mayo, como las viejas épocas, para desfilar todos juntos, es la cuenta pendiente.
Este lunes 7 y martes 8 algunos estaremos traspirando las levitas y rompiendo las zapatillas bailando en el asfalto. Otros aprovecharan el fin de semana largo para irse de vacaciones, para descansar. Y eso también es carnaval.
Comentarios
Es muy bueno que se vaya recuperando todo lo que nos saco la dictudura.
Abrazo conu.
implementar el sábado inglés es una causa justa? la pucha...
Gracias a estos feriados me puedo tomar 4 días de vacaciones en el auténtico caribe... el santafesino, coronda y sauce viejo; in your face anónimo demócratacristiano
recomendaciones???
Saludos!
Creo que los numeros del turismo van a confirmarlo.
guaio
guaio
el turismo interno es importante y es trabajo,
Yo no tuve la suerte de vivir los carnavales bajo "feriado". Será mi primera vez. Si he visto desfilar alguna murga de chico en mi localidad. Y te puede gustar o no, pero no se puede negar que es un momento de disfrute de la comunidad. Con el tiempo eso se perdió, el salir con la familia, los hijos, ir a dar la vuelta del perro. Nos querían tristes, desunidos, mirando y escuchando voces que nos decian lo malo que eramos.
En fín, alegría en las calles.
un abrazo
Las batallas de agua con las chicas del barrio (esas eran remeras mojadas)
El corso de la calle Rivadavia.
A mis viejos recordando que se habian conocido en un baile de Carnaval del Parque Cervecero.
Los bailes en Elsieland,que era los mas parecido a viajar en Subte en hora pico por la gente que iba.
Para los que estan en contra ,agarrame el pomo que es Carnaval.
Saludos
Andá a laburar si no te gusta el carnaval!.
Abrazo de gol.
Gabo
PD: Algunos corsos que están buenos -en Capital, sori-: el de FM La Tribu (Lambaré y Sarmiento), el de Liniers (Tuyutí e/Cosquín y Carhué) y el de Boedo, porque suele ser enorme (Boedo e Independencia).
En Lanús no sé si está el corso de Espíritu Cascabelero este año.
En Munro parece que hay corso: Domingo 6, Lunes 7 y Martes 8 de Marzo, desde las 20 hs. Ramón Castro y Belgrano, Munro.
está todo perdido!
Los encargadas de animar y ponerle ritmo a la celebración serán los talleres de murga del Programa Envión, conformados por jóvenes que concurren a este programa de inclusión juvenil, acompañados también por otras murgas locales: "Los duendes de La Saladita", "Siempre Alegres" y "Los Prisioneros del Delirio". Previamente, los vecinos podrán disfrutar del show de la banda de fusión tango/murga "Preparate el 7".
Textual de la página de la Muni.
Roberto Sintis
Los comentarios de esta murguera nos llegaron al corazón y nos mandaron directo a épocas muy felices. Nos permitimos "tomarlo prestado" y con algunas cositas más subirlo a nuestro blog. (Con la identificación, como corresponde)
Los invitamos a visitarnos y, si gustan, amigarse.
indecquetrabaja.blogspot.com
Cualquier cosa que necesiten difundir escríban a
rojogalloclaudio@yahoo.com.ar
Los felicitamos por su trabajo. Todos juntos por
Cristina 2011
Es hermoso que en los trabajos, ayer viernes, la gente se haya despedido con el "Feliz Carnaval". Claro que sí.
Y a los anónimos -siempre anónimos- que desparraman ignorancia, como dicen otros más arriba, aunque sea, asuman que el feriado genera movimiento y guita. Y eso, manga de perejiles, es un beneficio para muchísima gente, esos compatriotas que tantas veces citan para llenarse la boca de ganzadas.
Cristina 2011!!!
Anónimo, si a vos te gusta laburar en los feriados, hacelo, nadie te lo impide. Lo hablás con tu patrón y entre chupada de medias y chupada de medias le pedís las llaves de la oficina. Vas, te encerrás ahi, ponés TN o Radio 10 bien fuerte y laburás duro mientras todos los demás disfrutan.
Bueno, ya lo sabés para el próximo año.
Saludos