Boliches un poco menos pretenciosos pero muy convocantes, como La Embajada o La France, también pasaron a la historia, y algunos clásicos, como New York City, tuvieron un velorio bastante decadente.
Con la recuperación económica, Cromagñon mediante, ningunas de estas luminarias volvió a brillar ((al menos como en su versión orginal), y los jóvenes porteños deseosos de ir a bailar y a conocer gente los fines de semana, quedaron huérfanos de padre y madre. Al tiempo aparecieron lugares como Esperanto o La Diosa, que en algunos casos no cubren las espectativas de muchos, y en otros no son elegidos justamente por lo contrario: se llenan demasiado y la gente elige no ir.
Con estas razones y un poco de publicidad, algunas discos del GBA se convirtieron en verdaderos templos de peregrinación danzarina y borrachín, a los cuales acuden miles de jóvenes provenientes de la Capital Federal, que se suman a los conurbanos y las conurbanas con aspiraciones (aquellos que odian a la cumbia y no les gusta mucho el rock), que también eligen estos lugares para ir a pasarla bien.
Hay tres que lideran indiscutiblemente el mercado, una por zona: al norte Sunset, al sur El Bosque, y al oeste Pinar de Rocha.
A estos lugares realmente imponentes, concurren decenas de miles de chicos y chicas por fin de semana (que vale aclarar, empieza el jueves). Las motivaciones son varias:
-son boliches que existen hace décadas.
-son locales muy grandes. Ninguno baja de tres lucas de gente por noche.
-la gente ya más o menos se conoce y se encuentra ahí mismo.
-el rol de la maquinaria mediática, con las visitas promocionales que hacen los integrantes de toda esa fauna que yo denomino "outlet de famosos".
El caso que motiva este post es el de Pinar de Rocha, ubicada sobre la Avenida Rivadavia, entre las estaciones de Ramos Mejía y Haedo, y cuyo dueño actualmente está preso, acusado de matar a su esposa (ex bailarina del lugar).
Aunque en los noventa estuvo a punto de desaparecer (hasta habían montado allí una imprenta que falsificaba dinero), a principios de la presente década, Pinar de Rocha se recicló en un Complejo gastronómico y bailable que ofrece un varieté de actividades nocturnas para todos los gustos.
La cosa arranca los martes, con las noches Gay Friendly, organizadas por un conocido programa de radio del palo. A miles de años luz de lo que fueron El Dorado o Ave Porco (Dios las tenga en la gloria), estas noches "Gay Friendly" son un rejuntado de freaks, gente curiosa y mediáticos en potencia.
Los miércoles y domingos hay tango (!) y también se hacen cenas o despedidas. Los Jueves están las noches hot (?), promocionadas por lo que yo llamo el "outlet de famosos": todas esas chicas que uno no sabe como se llaman pero que ya aparecieron desnudas en todos los programas de la tele. Los viernes y sábados, funciona como un boliche más o menos normal, con tres o cuatro pistas donde se pasa diferente música. Acá es adonde quería llegar.
Resulta que, como expliqué más arriba, los viernes y sábados, a Pinar de Rocha va mucha (pero mucha) gente, con lo cual, a los organizadores del local no se les ocurrió mejor idea que ir clasificando a quienes ellos consideran que tienen el derecho de ingresar.
¿Cómo lo hacen? Ordenan a la gente en dos filas: fila A y fila B (posta usan esos nombres).
Claro que los criterios para separar a la gente no es por sexo ni por edad, sino por lo que todos ustedes ya se deben imaginar:
-color de piel.
-indumentaria.
-físico (si sos gordo/a, vas a la fila B).
-cara (si sos hombre y feo, vas a la fila B).
-compañía (si sos hombre y solo, vas a la fila B). -y algún otro criterio que ahora se me escapa.
Antes de seguir quiero aclarar que no me opongo a que los dueños de un lugar decidan quién entra y quien no puede hacerlo. Están en su derecho, siempre y cuando no vayan en contra de garantías y derechos constitucionales. O sea: si me pedís que me ponga zapatos marrones para ir a tu casa, todo bien, me los pongo, pero no me pidas que me cambie el color de la piel porque no puedo hacerlo. Yo no elegí nacer así.
En Pinar de Rocha, los días que llega mucha gente hasta la puerta, es muy probable que los de la fila B tengan que esperar hasta las cuatro de la mañana, y hasta es posible que directamente no puedan entrar.
Por otro lado, alguien me podrá decir que quien hace la fila B está avalando un acto discriminatorio contra sí mismo, pero ocurre que la persona no está convencida de que lo van a rechazar. Nadie hace una fila pensando en que lo van a "rebotar". Ni en un laburo, ni en un boliche, ni en ninguna otra circunstancia. En última instancia, lo importante es entrar, no importa en que fila.
Quien sí debería ocuparse de que estas cosas no pasen es el Estado, pero viendo a las autoridades que están al frente del INADI me parece que estoy pidiendo demasiado, no?
Con la recuperación económica, Cromagñon mediante, ningunas de estas luminarias volvió a brillar ((al menos como en su versión orginal), y los jóvenes porteños deseosos de ir a bailar y a conocer gente los fines de semana, quedaron huérfanos de padre y madre. Al tiempo aparecieron lugares como Esperanto o La Diosa, que en algunos casos no cubren las espectativas de muchos, y en otros no son elegidos justamente por lo contrario: se llenan demasiado y la gente elige no ir.
Con estas razones y un poco de publicidad, algunas discos del GBA se convirtieron en verdaderos templos de peregrinación danzarina y borrachín, a los cuales acuden miles de jóvenes provenientes de la Capital Federal, que se suman a los conurbanos y las conurbanas con aspiraciones (aquellos que odian a la cumbia y no les gusta mucho el rock), que también eligen estos lugares para ir a pasarla bien.
Hay tres que lideran indiscutiblemente el mercado, una por zona: al norte Sunset, al sur El Bosque, y al oeste Pinar de Rocha.
A estos lugares realmente imponentes, concurren decenas de miles de chicos y chicas por fin de semana (que vale aclarar, empieza el jueves). Las motivaciones son varias:
-son boliches que existen hace décadas.
-son locales muy grandes. Ninguno baja de tres lucas de gente por noche.
-la gente ya más o menos se conoce y se encuentra ahí mismo.
-el rol de la maquinaria mediática, con las visitas promocionales que hacen los integrantes de toda esa fauna que yo denomino "outlet de famosos".
El caso que motiva este post es el de Pinar de Rocha, ubicada sobre la Avenida Rivadavia, entre las estaciones de Ramos Mejía y Haedo, y cuyo dueño actualmente está preso, acusado de matar a su esposa (ex bailarina del lugar).
Aunque en los noventa estuvo a punto de desaparecer (hasta habían montado allí una imprenta que falsificaba dinero), a principios de la presente década, Pinar de Rocha se recicló en un Complejo gastronómico y bailable que ofrece un varieté de actividades nocturnas para todos los gustos.
La cosa arranca los martes, con las noches Gay Friendly, organizadas por un conocido programa de radio del palo. A miles de años luz de lo que fueron El Dorado o Ave Porco (Dios las tenga en la gloria), estas noches "Gay Friendly" son un rejuntado de freaks, gente curiosa y mediáticos en potencia.
Los miércoles y domingos hay tango (!) y también se hacen cenas o despedidas. Los Jueves están las noches hot (?), promocionadas por lo que yo llamo el "outlet de famosos": todas esas chicas que uno no sabe como se llaman pero que ya aparecieron desnudas en todos los programas de la tele. Los viernes y sábados, funciona como un boliche más o menos normal, con tres o cuatro pistas donde se pasa diferente música. Acá es adonde quería llegar.
Resulta que, como expliqué más arriba, los viernes y sábados, a Pinar de Rocha va mucha (pero mucha) gente, con lo cual, a los organizadores del local no se les ocurrió mejor idea que ir clasificando a quienes ellos consideran que tienen el derecho de ingresar.
¿Cómo lo hacen? Ordenan a la gente en dos filas: fila A y fila B (posta usan esos nombres).
Claro que los criterios para separar a la gente no es por sexo ni por edad, sino por lo que todos ustedes ya se deben imaginar:
-color de piel.
-indumentaria.
-físico (si sos gordo/a, vas a la fila B).
-cara (si sos hombre y feo, vas a la fila B).
-compañía (si sos hombre y solo, vas a la fila B). -y algún otro criterio que ahora se me escapa.
Antes de seguir quiero aclarar que no me opongo a que los dueños de un lugar decidan quién entra y quien no puede hacerlo. Están en su derecho, siempre y cuando no vayan en contra de garantías y derechos constitucionales. O sea: si me pedís que me ponga zapatos marrones para ir a tu casa, todo bien, me los pongo, pero no me pidas que me cambie el color de la piel porque no puedo hacerlo. Yo no elegí nacer así.
En Pinar de Rocha, los días que llega mucha gente hasta la puerta, es muy probable que los de la fila B tengan que esperar hasta las cuatro de la mañana, y hasta es posible que directamente no puedan entrar.
Por otro lado, alguien me podrá decir que quien hace la fila B está avalando un acto discriminatorio contra sí mismo, pero ocurre que la persona no está convencida de que lo van a rechazar. Nadie hace una fila pensando en que lo van a "rebotar". Ni en un laburo, ni en un boliche, ni en ninguna otra circunstancia. En última instancia, lo importante es entrar, no importa en que fila.
Quien sí debería ocuparse de que estas cosas no pasen es el Estado, pero viendo a las autoridades que están al frente del INADI me parece que estoy pidiendo demasiado, no?
Comentarios
Por ahi voy con mi amigo S
G-Fer: f-tivamente cumpa.
DOS: ultimamente tocan bandas que están de moda en Eilseland. Este fin de semana está Fidel Nadal por ejemplo.
Hasta en Mall, boliche extinguido en Haedo, tenían el tema de la zapatillas/zapatos (porque en las topper podías meter droga (?)), pero admito que este tema no lo tenía..
Y podemos hacer otra denuncia: Pinar tiene a cientos de trabajadores en negro y encima con sueldos bajisimos (de boliche, administrativos).