7.1.10

La Feria de Solano


Post enviado por Walter Lezcano

No creo en Dios. Pero creo fervientemente en la feria de Solano. Es un verdadero acto de fe ir cada miércoles y sábado a patear y buscar y, en una de esas, encontrar esas páginas que uno tanto busca. Yo busco libros, cada uno con su mambo, pero si vos vas te podés encontrar con cualquier cosa, lo que te imagines. Desde herramientas hasta platos de porcelanas, desde devedés de películas recién estrenadas en el cine hasta piezas ortopédicas. Todo por un precio increíble. La feria en ese sentido también tiene una cualidad religiosa: es generosa. Por unos pocos morlacos la felicidad se materializa en formas impensadas y atractivas. Ahí descubrís aquello que tu corazón te está pidiendo. Por supuesto, eso no lo sabés hasta que lo tenés enfrente. Y agradecés.
Al fondo de Quilmes, en el área oscura y despiadada, se ubica esta maravilla emergente que tuvo ese origen a partir del empobrecimiento de una amplia zona del país que siempre se creyó aristócrata.

Este suelo con nombre de santo se llama San Francisco Solano y es famoso por dos cosas: un alto índice de delitos y Nazarena Vélez. Así es, ella es nuestra máxima contribución al mundo de la cultura. Y esto lo digo sin ironía. En ella se plasman muchas de las obsesiones de nuestro ser nacional: fama injustificada, vacío parlamentario y un buen orto.
La feria nace en la 844, la calle comercial de nuestra floreciente ciudad, y no se sabe donde termina. Cuando aterriza la feria se moviliza el mundo. Los colectivos cambian sus recorridos, los quioscos de los alrededores salvan el mes, la avenida se convierte en peatonal y las veredas se amontonan de seres desesperados.
Cada día se suman nuevos rostros a esta numerosa familia sin patriarca visible. No es una buena noticia. Son esos que se cayeron del piso. Sin seguridad, se mandan a la feria para rescatar unos pesos para ir tirando o tirarlos al quiosco por unas birras. Esto ocurre porque la feria tiene dos sectores bien delimitados, como toda sociedad injusta. Un encanto capitalista. La zona de los poderosos que llega hasta la avenida San Martín. Ellos tienen sus puestos, que lo ven como un local glamoroso, su mercadería tiene dudosa procedencia y se muestra como de primera calidad. Son los que venden ropa, zapatillas, esa onda. Algunos tienen uno o dos empleados para negrearlos bien y, de paso, ponerles fichas a su helado ego. Saben hacer negocios. Los que necesitan cubrirse con telas que den personalidad de vidriera y que tengan algún símbolo del tipo una que sepamos todos la recorren con los ojos desorbitados.
Yo nunca voy a esa parte.
Luego, de San Martín para el otro lado, nace the best zone. Un territorio surrealista marcado por la improvisación y el descontrol. Esos tipos hacen free jazz con lo que consiguen andá a saber dónde. ¿Importa eso? Ni ahí, pero te cuento. Muchos cartonean, otros reciben donaciones y hacen un pasamanos, y los demás roban. Nada que no suceda ahora mismo, por decir algo, en el Abasto Shopping.
Esta dimensión desconocida tiene sus leyes propias y sus visitantes asiduos. Y como es un territorio marcado por la escasez, hay unos pillos que se quieren quedar con las migajas y para repartirlas buscan los mejores postores. La movida viene así: hay gente que para poner un puesto del tamaño de una uña bebé, te cobra. La vereda tiene dueño. Leyes propias. Por Donato Alvarez yendo para Pasco, la feria rodea con sus puestos el asqueroso arroyo. Hace poco se sumó como predio el campo enorme que está en San Martín y Donato. La pobreza acá nao tem fin.

Los buscas de esta parte tiran unos trapos al suelo o despliegan frágiles mesas espontáneas y te exponen la merca. Nunca es nueva (la Ley de la Experiencia). No tiene un precio establecido (La Ley de la Creatividad). Y jamás la repiten (La Ley de la Originalidad). Leyes propias. Una semana te venden ollas Essen y a la otra una silla de ruedas. Con una vieja utilizada de maniquí.
A esa parte la pateo de punta a punta. No soy el único. Yo les veo la jeta y los reconozco a los que no son de las bandas vecinas. Esos baby face muestran la hilacha y pagan más que nosotros, los horrendo face. Se van contentos con las bolsas llenas, pensando que la sacaron barata. Pero fueron empomados como corresponde: con felicidad y predisposición mutua.
Y revisando en cajones viejos y pilas de textos inservibles encontré los mejores libros. De esos grosos que uno los cuida como si fuera una hermana menor. Hoy se reparten en los estantes de mi biblioteca dándole un brillo que no lo hubiese conseguido de otra manera.
La memoria me patea la nuca. Si, conseguí La conjura de los necios de ese necio llamado John Kennedy Toole a dos pesos. Esto fue a hace unos años. Las cosas no cambiaron demasiado. Esta gente te pone esos libros al alcance de la curiosidad y hay que desechar muchos papeles inservibles para hallarlos. Pero están. Hay que arrodillarse, de nuevo lo religioso, y meter mano y, claro, loco, ensuciarse. De esto también se trata la literatura.

La ficción entonces como una frondosa borrachera, un mágico viaje que te pega en un lugar muy difícil de precisar ocurrió ese día que terminé Bajo el volcán del marciano Malcom Lowry. En la feria me lo vendieron a tres pesos porque no tenía las tapas. ¿Y a mi qué carajo me importaba eso? Y cuando encontré a un peso, en un cajón de verduras, La república de Platón, en una edición de Eudeba que tenía un estudio introductorio de más de cien páginas me puse colorado. Nunca pisé una universidad, será eso. Me lo leí en unos meses y todavía lo estoy entendiendo. Pasa, y es parte del género fantástico. Como esas ediciones de Bruguera, las viejas y gloriosas, que me hicieron conocer al finado Ballard, al cuerdo Burroughs, a Stanislaw Lem, a Bradbury. Ah, y Vonnegut, qué experiencia leer Matadero cinco. Entre otros. Cada uno a cuatro pesos.
Y siguen los encuentros, te lo juro.

Hay que ir a la feria de Solano como se va a una catedral devastada y politeísta. Con ganas de creer en imposibles y no calentarse si no aparece nada. La próxima estación puede ser nuestra posibilidad. Está bueno eso. Un lugar donde la esperanza siempre se enciende a la luz del día. No es poco, ¿no?

Autor de la FOTO

14 comentarios:

FedeBaty dijo...

Un amigo una vuelta me supo decir: "Vivo en Lugano, fuí a Solano y Lugano es Manhattan..."

pd: "Luego, de San Martín para el otro lado, nace the best zone. Un territorio surrealista marcado por la improvisación y el descontrol."
ajaj, muy bueno!

Verboamérica dijo...

La última vez que fui vi un caballete donde se exhibían para vender restos de una PC, cuchillos tromtina usados, floppy-disks (cuando ya eran arcaicos) y una montura de caballo. Todo en la misma tabla.

Desde el corazón de la soja dijo...

Muy bueno :Walter Lazcano escribe muy bien. Que hay de su primera novela? que avise cuando la termine que queremos leerla

la otra dijo...

ey!! yo soy psicologa en esa zona, en una salita publica cerca de Pasco y de posta puedo dar cuenta que muchas cosas son afanadas, lo se de prima. Yo no compro afanado, ergo no puedo ir a la feria de Solano, pero quiero esos libros!!!!!!!!!!!!!!! ah, si no fuera por eso!!!

la otra dijo...

es verdad Walter Lazcano escribe bien, y no importa que no haya ido a la universidad.

El Conurbano dijo...

Walter Lezcano es un escritor DE-LA-HOS-TÍA.
Y es un orgullo tenerlo acá.

La pintura que hace de la Feria es excelente, y está bueno que la haga él porque él es de ahí mismo.
Como en el "Barrio Gris" Gómez Bas.

maria dijo...

¡Qué pintura, Don Sergio! ¿También venden pajaritos? Una vez, hace muchos años, fui a mirar y me convencieron de comprar un pajarraco horrible! Se lo pude regalar con un moño enorme a la encargada del edificio que tenía un jaulón y me recordó el favor durante varios años. Juá!

Claudia congreso dijo...

Gracias por estas pinturas conurbarenses que son lo más divertido que hay.Además escribe muy bien. Apoyo la moción de Desde el corazón de la soja. Para cuando la novela? Saludos.

MarianoMundo dijo...

Gran relato.
No conozco la feria, pero gracias al relato, ahora casi como que sí.
Fui un par de veces a una, la Olimpo, que nace en Camino de Cintura (o de la Tradición) y se interna por la Av. Olimpo, vaya uno a saber hasta adonde. Me pareció una experiencia delirante y recomendable. Se debe parecer bastante a la de Solano.

alejandro dijo...

Perdon pero me parece que este escritor o muchacho , no tiene idea de nada, siempre con la misma cantinela, siempre hay un enemigo, los que tienen un manguito mas, y los pobres del todo, los rubios boludos y nosotros los negros cabezas que la sabemos todas, realmente en un pais peronista cabria la posibilidad de que haya una feria como la de solano?
a mi me da verguenza, que haya personas vendiendo con un mantel cosas viejas como canillas oxidadas , etc, si eso es lindo y pintoresco, permitanme decir que prefiero lo feo y que no exista eso.
saludos peronistas!!!

pepe dijo...

hola ale te recuerdo que la feria esta en un pais "peronista" y o la ceptamos o hacemos algo para que esa gente viva de otra manera se aceptan sugerencias productivas

j.cesar dijo...

q buena la feria, y si.. hay cosas afanadas y cosas q no.. cmo en toda feria.Ahi me compre mi tablero d dibujo y una escalera d fibra y aluminio... a cuanto? jaja, 120 peitos!

alicia dijo...

Sra psicóloga: vaya tranquila a buscar libros, ningún chorro afana libros, son pesados y valen poco en la reventa. Los únicos que roban libros son los universitarios, yo tenía un profesor en la facu que decía: Ah, sí! Está muy caro, me lo voy a tener que robar. Los libros que hay en la feria seguramente los encuentran los cartoneros.

Anónimo dijo...

hay mueve usadas