27.2.17

Moonlight


Como entre la gente con la que hablaba estaba muy instalado que era "para grandes", la agarré bastante empezada, casi al final, por eso creo que no la pude apreciar lo suficiente.

Además, sus competidores la acusaban de estar hecha "con dos mangos", y que los tipos que laburaban ahí, salvo alguna que otra excepción, no eran profesionales, sino gente sin experiencia que por primera vez tenía la oportunidad de trabajar en una producción de ese estilo.

Encima, como si faltara algo, los chetos te decían que se trataba de una historia "de negros", acusación letal en tiempos de miedo al discurso único que determina gran parte de tus horas libres; de tus deseos; de tus ganas de consumir; de tus simpatías políticas; y lo que es peor de todo: de tu libertad. 

Cuando me di cuenta que todo eso era un verso y que en realidad Moonlihgt estaba hecha para que la pudiera disfrutar cualquier persona sensible que tuviera ganas de pasar un buen momento, ya era demasiado tarde y la habían sacado de cartel.

Dos salones, tres barras y ese jardín inmenso que cuando explotaba de gente se convertía en una tercera pista para bailar a cielo abierto. Que lujo hermano ¡Y en Wilde! ¡A 20 cuadras de casa!

No sé ustedes, pero yo la extraño bocha. Van a ser 20 años que está cerrada. Me enteré que hace unos años la volvieron a abrir para hacer un par de fiestas privadas, pero no es lo mismo. 

Volvé Moonlight, no sabés cuánta falta hacés.

23.2.17

Cuánto recibe cada intendente de los Fondos de Infraestructura Municipal


Hubo una época en la que, como los medios tradicionales no se ocupaban de estos temas, este blog publicaba todo tipo de cuestiones relacionadas con la distribución presupuestaria, los fondos coparticipables y la mar en coche (?).

Con el tiempo, algunos periodistas comenzaron a ponerle el ojo a estas cosas, lo que a su vez provocó que la información disponible fuese cada vez mayor, estuviera cada vez más a mano y salieran informes mejores de los que hacía esta página.

En este caso, el colega Sebastián Iñurrieta (@sinurrieta) juntó la información sobre el Fondo de Infraestructura Municipal (FIM) y se tomó el trabajo de detallar el dinero asignado a cada distrito, con los nombres de cada intendente y el partido político al que pertenece.

Pueden leerlo en esta nota que publicó la edición de hoy de El Cronista.

22.2.17

El Túnel de los Remeros


La idea del Túnel del Bicentenario era buena, sobre todo porque venía a saldar un viejo reclamo de los vecinos que necesitan cruzar las vías del Mitre sin demoras, dado que las otras opciones para la conexión este-oeste de Tigre centro son ir hasta la Avenida de las Naciones (intransitable los fines de semana) o recurrir a las barreras de Marabotto y de Paso.

También es una salida rápida para los visitantes de sábado o domingo a la hora de pegar la vuelta: por Chacabuco se puede llegar hasta las subidas de Larralde o de 197, y tomar el acceso Tigre evitando la locura de la subida principal.

Estaba todo dado como para que fuera una obra moderna, útil y valorada, pero el apuro por sacarse la foto pudo más (que raro, no?) y a menos de seis meses de su inauguración tenemos este bodrio que no se puede usar si caen tres gotas o directamente se llena de agua hasta arriba cuando diluvia, convirtiendo en inundable a una zona que antes no se inundaba nunca.

No hay que ser ingeniero civil para darse cuenta que el tunel está mal hecho: la montaña rusa del Parque de la Costa es menos empinada que la bajada que uno toma si viene del lado de Cazón; además está mal señalizado (tenés que conocer la zona o ser adivino para poder ubicarlo), y de noche está mal iluminado (casi a oscuras).

Vamos Zamora (?), que usted puede gestionar cumpliendo los plazos de obra y no los del corte de cinta para la foto. Nadie (?) lo va a retar.





20.2.17

El secreto de Adrogué

(crédito foto)

Aunque esté lleno de chetos (?) no voy muy seguido, Adrogué me resulta un lugar bellísismo porque reúne algunas de las mejores características de los barrios que más me gustan: sus casonas de estilo victoriano invocan al barrio inglés de Hurlingham; las veredas copadas por arboledas añosas son parecidas a las del centro de San Fernando, y el empedrado de las calles nos hace acordar que no estamos tan lejos de Banfield.

Es todo tan lindo en Adrogué que por suerte (?) se avivaron de construir al Lorenzo Arandilla en un borde. Menos mal (?).

Sin embargo, todos aquellos que por algún motivo tuvimos o tenemos que ir cada tanto por ahí, solemos encontrarnos con un problema que la mayoría de las veces tardamos mucho tiempo en resolver: la desorientación que nos produce tener que rodear las plazas circulares (o casi circulares) que tenemos allí.

Indefectiblemente, toda vez que un forastero se encuentre con alguna de las rotondas que tiene Adrogué, se perderá. Y no hay GPS que valga. De hecho, recurrir a esa herramienta sólo empeorará la situación.

¿Por qué sucede esto? Porque las tres líneas directrices que cualquier vistante utiliza para ubicarse en Adrogué son diagonales: la avenida Hipólito Yrigoyen, las vías del ferrocarril Roca y (sobre todo) la avenida Tomás Espora. Tremendo, no?

Al revés que en La Plata, donde el extranjero toma como referencias las avenidas comunes y se desorienta al toparse con una diagonal, en Adrogué las diagonales son una especie de burundanga (?) urbana.

Por eso, la recomendación de esta humilde bitácora es que una vez que llegamos a la localidad cabecera de Almirante Brown, ya sea en auto o en tren, nos olvidemos del camino que nos llevó hasta allí (sobre todo si fuiste por Espora) y utilicemos como guía las avenidas Amenedo y San Martín, que nacen en la vía, muy cerca de la estación, y son rectas. Como Dios manda (?).